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‘El mago del Kremlin’: la película que explora el ascenso de Putin y la arquitectura del poder ruso

Basada en la exitosa novela de Giuliano Da Empoli, la película El mago del Kremlin llega a los cines con un guion coescrito por Emmanuel Carrère y bajo la dirección de Olivier Assayas. El filme se propone explicar el ascenso de Vladimir Putin al poder a través de la mirada de Vadim Baranov, su ficticia mano derecha y principal estratega. Interpretado por Jude Law, el presidente ruso aparece como una figura central pero dosificada, cuya autoridad se construye sobre la teoría de la «democracia soberana».

La trama utiliza un recurso narrativo en el que un periodista estadounidense, interpretado por Jeffrey Wright, viaja a una cabaña en el bosque para entrevistar a un Baranov ya retirado de la vida pública. A través de este diálogo, la historia recorre los últimos veinte años de Rusia, desde los inicios de Baranov en el mundo del teatro y la televisión hasta su consolidación como el «hombre en la sombra» del Kremlin. Durante el relato, se abordan hitos históricos reales como la crisis del submarino Kursk, las revoluciones en Maidán y los Juegos Olímpicos de Sochi.

Uno de los ejes fundamentales de la película es el concepto de «agente del caos» aplicado a la política. Baranov se presenta como un asesor capaz de moldear la percepción de toda una nación, gestionando situaciones comprometidas y manteniendo el equilibrio en las relaciones entre Rusia y Occidente. Según la visión del filme, su figura se inspira parcialmente en el empresario real Vladislav Surkov, considerado por muchos como el arquitecto del sistema político ruso contemporáneo.

El director Olivier Assayas ha defendido la profundidad del tratamiento de los antagonistas en su obra, citando la máxima de Alfred Hitchcock: “Cuanto más éxito tiene el villano, mejor es la película”. Assayas sostiene que la ambigüedad del mal es un terreno que pertenece al cine y, en este sentido, el filme evita los estereotipos habituales de la ficción occidental sobre Rusia, optando por una mirada que busca la inteligencia y el matiz por encima de la parodia.

Por su parte, Jude Law destacó la complejidad de interpretar a una figura política de esta magnitud sin recurrir a caracterizaciones exageradas. Durante la presentación del filme en el Festival de Venecia, el actor señaló: “Confiaba que en manos de Olivier esta historia se contaría con inteligencia y consideración. Es un personaje dentro de una historia mucho más amplia, por lo que no intentamos definir nada sobre nadie”. De esta manera, el filme se aleja de los clichés tradicionales del cine de espionaje o la Guerra Fría.

Finalmente, la película se presenta como un drama político que invita a la reflexión sobre cómo se construye el poder en el siglo XXI. Al desdibujar la línea entre la verdad y la ficción, el guion de Carrère y Assayas propone un ejercicio lúdico pero riguroso sobre la política del Kremlin, donde el control de la información y la narrativa resultan tan determinantes como el despliegue de la fuerza militar o económica.

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