La conmemoración del 50° aniversario del último golpe de Estado se convirtió este 24 de marzo en una de las manifestaciones más imponentes desde el regreso de la democracia. La jornada, que excedió el histórico repudio a la dictadura, se transformó en una demostración de fuerza popular y en un mensaje político directo contra la gestión de Javier Milei. La magnitud de la marea humana fue tal que se estima que un millón de personas coparon el centro porteño, desbordando la Plaza de Mayo y todas sus diagonales hasta alcanzar la Avenida 9 de Julio.
Este dato de concurrencia histórica se basó en fuentes de la propia Policía de la Ciudad que contabilizaron el millón de asistentes. La cifra supera ampliamente hitos previos, como la movilización contra el «2×1» de la Corte Suprema en 2017, y dejó en evidencia una capacidad de convocatoria transversal que sorprendió incluso a los propios organizadores de los organismos de derechos humanos.
La columna de La Cámpora: mística y simbolismo
Uno de los puntos más altos de la jornada fue la columna de La Cámpora, que realizó su tradicional caminata desde la ex ESMA bajo la consigna «los genocidas presos, Cristina libre». La movilización estuvo encabezada por el diputado nacional Máximo Kirchner, la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza y la legisladora Lucía Cámpora, entre otros referentes de la organización.
El recorrido estuvo cargado de simbolismo histórico y político. Al pasar por la calle San José 1111, la columna se detuvo frente al departamento donde permanece presa Cristina Fernández de Kirchner, quien saludó a la multitud desde su balcón. Los dirigentes trazaron allí una continuidad histórica entre el plan de exterminio de la dictadura y lo que denuncian como una proscripción actual a la principal figura de la oposición a través de la persecución judicial.
El contraste con el relato oficial
La masividad en las calles dejó en una posición incómoda al Gobierno nacional, que intentó disputar el sentido de la fecha con la difusión de un extenso video de 73 minutos. La pieza audiovisual, que retomó la teoría de la «memoria completa» para justificar el accionar de las fuerzas armadas en los 70, fue calificada por los manifestantes como un «pastiche anacrónico» que busca relativizar el terrorismo de Estado.
Ante la contundencia de la plaza, el presidente Milei mostró signos de desorientación discursiva. En un giro forzado para intentar polarizar con el kirchnerismo, el mandatario —quien ha insultado repetidamente a Raúl Alfonsín— terminó reivindicando la figura del ex presidente radical en redes sociales, mientras en la calle se consolidaba una narrativa de resistencia completamente opuesta a su modelo económico.
Unidad opositora y federalismo
La marcha también sirvió como catalizador para la unidad del peronismo. Dirigentes como Axel Kicillof y Sergio Massa se mezclaron con la multitud, mientras que en la zona de la ex ESMA se produjo un gesto potente de reconciliación interna: el abrazo entre Cristian Jerónimo, referente de la CGT, y Máximo Kirchner.
El fenómeno no fue exclusivo de la Capital Federal. En ciudades como Rosario, donde se estimaron más de 150.000 personas en el Parque Nacional a la Bandera, y en Córdoba y Tucumán, las plazas se llenaron con un reclamo que unió el «Nunca Más» con el rechazo al ajuste actual. La jornada cerró con la certeza de que el consenso sobre los derechos humanos sigue siendo el límite social más firme frente a los intentos negacionistas del oficialismo.
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