BUENOS AIRES.- El escenario político argentino atraviesa un cambio de tendencia significativo. Según el último sondeo de la consultora Atlas Intel —firma brasileña que cobró especial relevancia en 2023 por haber sido una de las pocas en anticipar correctamente la victoria de Javier Milei—, la recesión económica ha comenzado a erosionar el capital político del Gobierno nacional, alcanzando en febrero su pico de negatividad.
De acuerdo con el informe, realizado en conjunto con Bloomberg, la valoración positiva del Presidente cayó cuatro puntos, ubicándose en un 41%, mientras que su imagen negativa trepó al 57%. Este deterioro no es un hecho aislado: la evaluación de su gestión muestra una polarización creciente, con una valoración positiva del 35% frente a una negativa del 53%. La raíz de este descontento es directa: la situación económica y el mercado laboral, que presentan los índices de percepción más críticos. Apenas un 13% de los encuestados calificó el estado del mercado de trabajo de manera positiva, mientras que un contundente 77% expresó una visión negativa.
En este contexto de desgaste oficialista, las principales figuras de la oposición han mostrado signos claros de recuperación. Tanto el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, como la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, han registrado mejoras significativas en sus mediciones, logrando acortar la distancia con el Gobierno y consolidando una tendencia al alza en su valoración pública.
El análisis de Atlas Intel refleja que la mejora de ambos referentes no es meramente circunstancial, sino que responde a un dinamismo creciente dentro del bloque opositor. Con una recuperación marcada en sus imágenes positivas, tanto Kicillof como Fernández de Kirchner se posicionan ahora con un mayor protagonismo, capitalizando la caída de los sectores neutrales y canalizando el descontento social generado por el modelo económico actual.
La consolidación de opiniones negativas sobre la economía ha dejado de ser un fenómeno pasajero para convertirse en un factor que altera la estructura del tablero político. El gobierno libertario se enfrenta al desafío de sostener su iniciativa en un contexto donde el respaldo se resiente.
Para los analistas, si estas tendencias se sostienen, el oficialismo entrará en una fase donde su centralidad política será disputada con mayor intensidad. La oposición, tras una etapa de reordenamiento, muestra signos de haber superado la pasividad, planteando un escenario electoral y social donde la iniciativa comienza a repartirse en condiciones de creciente equilibrio.
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